lunes, 3 de mayo de 2010

Hercules



En la mitología griega Heracles (gloria de Hera’) era un héroe y semidiós, hijo de Zeus y Alcmena . Puede decirse que fue el más grande de los héroes míticos griegos, el parangón de la masculinidad por excelencia, siendo su extraordinaria fuerza uno de sus atributos. Fue, según Pausanias, el último hijo que Zeus engendró con mujeres mortales en Grecia. Se cuentan muchas historias sobre su vida, siendo la más famosa Los doce trabajos de Heracles. Existen otras versiones acerca del nacimiento de éste héroe, siendo la más conocida aquella en la que se cuenta que es en realidad hijo de la diosa Hera y de Zeus, y que ésta envió a Heracles con Alcmena y Anfitrión convertido en mortal como venganza por las correrías amorosas de su marido.
Nacimiento e infancia
Un elemento principal de las conocidas tragedias que giran en torno a Heracles proviene del odio que la diosa Hera, esposa de Zeus, le tenía. Heracles era hijo de Zeus y Alcmena, y por tanto su mera existencia demostraba al menos una de las muchas infidelidades de aquél. Como venganza por éstas, Hera conspiraba a menudo contra la descendencia mortal de Zeus.
Zeus yació con Alcmena tras adoptar la apariencia del marido de ésta, Anfitrión de Tebas, que había dejado su hogar para ir a la guerra contra Atenas. Anfitrión volvió más tarde esa misma noche, y Alcmena quedó embarazada de gemelos.
En la noche en que los gemelos nacieron, Hera, conociendo el adulterio de su marido, logró convencer a Zeus de que prestara un juramento según el cual el niño que naciera aquella noche a un miembro de la casa de Perseo sería un gran rey.
Una vez Zeus hubo jurado, Hera corrió a la casa de Alcmena y ralentizó el parto sentándose con las piernas cruzadas y las ropas atadas con nudos. Al mismo tiempo, provocó que su primo Euristeo naciese prematuramente, haciendo así que fuese rey en lugar de Heracles. Habría retrasado permanentemente el nacimiento de Heracles si no hubiese sido engañada por Galantis, su criada, quien le dijo que ya había asistido al niño en el parto. Tras oírlo, Hera saltó sorprendida, desatando así los nudos y permitiendo que Alcmena diese a luz. Uno de los niños, Ificles, era mortal, mientras el otro era el semidiós Heracles.

Otra versión cuenta que Hera retrasó el parto haciendo que Ilitía se sentase en la mencionada posición y que fue Galantis la que engañó a la diosa. Hera transformó a Galantis en comadreja y la obligó a dar a luz poniendo huevos por la boca.
Heracles fue bautizado con este nombre en un intento fallido por aplacar a Hera. Unos pocos meses después de su nacimiento, Hera envió dos serpientes a matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y fue hallado por su niñera jugando con sus cuerpos exangües como si fueran unos insignificantes juguetes.
Una versión del origen de la Vía Láctea es que Zeus engañó a Hera para que amamantase al infante Heracles. Al descubrir quién era, lo apartó de su pecho y un chorro de su leche formó la mancha que cruza el cielo y que puede verse en él desde entonces (se cuenta una historia parecida sobre Hera y Hermes, pero sin embargo en ese caso el truco funcionó y le tomó más cariño).
Edad adulta

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los terribles actos que había cometido, sintió un terrible dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara (otras versiones dicen que también Mégara fue asesinada junto con sus hijos por la locura que le provocó Hera). En penitencia por esta execrable acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba. Heracles llevó a cabo todos ellos con éxito, pero Hera le dijo a Euristeo que estimase que en dos de los trabajos había fallado, pues había recibido ayuda, por lo que ordenó dos más, que Heracles también completó, haciendo un total de doce.
El orden tradicional de los trabajos es:
  1. Matar al León de Nemea.
  2. Matar a la Hidra del lago de Lerna.
  3. Alcanzar a la Cierva de Cerinia.
  4. Capturar al Jabalí de Erimanto.
  5. Limpiar los establos de Augías.
  6. Acabar con los Pájaros del lago Estínfalo.
  7. Domar al toro salvaje de Creta.
  8. Robar las yeguas del rey Diomedes de Tracia.
  9. Vencer a las amazonas y tomar el cinturón de Hipólita.
  10. Matar a Gerión y robarle sus rebaños.
  11. Robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.
  12. Ir a buscar a Cerbero, a los Infiernos, y llevarlo a Euristeo.
 


Ónfale 

Ónfale era una reina o princesa de Lidia. Como castigo por un asesinato, Heracles era su esclavo. Como tal, fue obligado a hacer el trabajo de las mujeres y a llevar ropas femeninas, mientras ella vestía la piel del León de Nemea y portaba su clava de madera de olivo. Pasado algún tiempo, Ónfale liberó a Heracles y se casó con él. Algunas fuentes mencionan que tuvieron un hijo cuyo nombre varía de unas a otras.
Fue en esa época cuando los Cercopes, traviesos espíritus de los bosques, robaron las armas de Heracles. Los Cercopes eran traviesas criaturas de los bosques que vivían en las Termópilas o en Eubea, pero vagaban por el mundo y podían aparecer en cualquier lugar donde ocurriesen travesuras. Heracles les castigó colgándolos cabeza abajo de un palo que se echó al hombro. Así vieron los Cercopes el trasero bronceado de Heracles tras años de exponerlo al sol, y se echaron a reír con tantas ganas que éste, divertido, terminó liberándolos.
Hilas
Mientras caminaba por las tierras salvajes, Heracles fue atacado por los dríopes. Mató a su rey, Tiodamante, y los demás se rindieron y le ofrecieron al príncipe Hilas. Heracles tomó al joven como escudero y amante. Años después, Heracles e Hilas se unieron a la tripulación del Argo. Como argonautas sólo participaron en parte del viaje. En Misia, Hilas fue secuestrado por una ninfa. Heracles, con el corazón roto, le buscó durante mucho tiempo pero Hilas se había enamorado de las ninfas y nunca volvió a ser visto. El barco partió sin ellos.
Yole
El rey Éurito de Ecalia prometió a su hija, Yole, a quienquiera derrotase a sus hijos en un concurso de tiro con arco. Heracles ganó pero Éurito no cumplió su promesa. Heracles mató al rey y a sus hijos y raptó a Yole.
Muerte a varios gigantes
Heracles mató a los gigantes Cicno, Porfirión y Mimas.
Laomedonte
Antes de la guerra de Troya, Poseidón envió un monstruo marino a atacar Troya.
Laomedonte tenía la intención de sacrificar a su hija Hesíone a Poseidón con la esperanza de apaciguarle. Ocurrió que llegó Heracles y estuvo de acuerdo en matar al monstruo a cambio de los caballos que Laomedonte había recibido de Zeus como compensación por el rapto de Ganimedes. Laomedonte accedió y Heracles mató al monstruo, pero Laomedonte incumplió su palabra.
Por ello en una expedición posterior Heracles y sus seguidores atacaron y saquearon Troya, matando a todos los hijos de Laomedonte presentes excepto Podarces, quien salvó la vida al dar a Heracles un velo de oro que había hecho Hesíone. Telamón tomó a Hesíone como trofeo de guerra, se casó con ella y tuvieron un hijo, Teucro.
Otros viajes
  • Heracles derrotó a los bébrices (gobernados por el rey Migdón) y dio su país al príncipe Lico de Misia, hijo de Dáscilo.
  • Mató al ladrón Termero.
  • Mató al gigante Caco.
  • Visitó a Evandro con Antor, quien entonces se quedó en Italia.
  • Mató al rey Amíntor de Orminio por no permitirle entrar a su reino. También mató al rey Ematión de Arabia.
  • Mató a Litierses tras derrotarle en un concurso de siega.
  • Mató a Periclimeno en Pilos.
  • Fundó la ciudad de Tarento en Italia.
  • Aprendió música de Lino (y Eumolpo), pero le mató tras corregirle éste sus errores. Aprendió lucha de Autólico. Mató al famoso boxeador Érix de Sicilia en un combate.
  • Fue un argonauta. Mató a Alástor y a sus hermanos.
  • Cuando Hipoconte derrocó a su hermano Tindáreo del trono de Esparta, Heracles restauró al legítimo gobernante y mató a Hipoconte y a sus hijos.
Amoríos, matrimonios y muerte
Heracles mantuvo incontables aventuras amorosas con mujeres, de las que tuvo muchísimos hijos, a los que se alude colectivamente como heráclidas. Un suceso destacado es su estancia en el palacio del rey Tespio, a quien agradó su físico, por lo que animó a Heracles a hacer el amor a sus cincuenta hijas durante el tiempo que duró la cacería del león de Citerón (o según la versión, en siete noches o incluso en una sola). Todas ellas quedaron encintas y alumbraron varones. Sus hijos y los descendientes de éstos, conocidos como los heráclidas, conquistaron dos generaciones más tarde el sur de Grecia, Turquía e Italia. Muchos de los reyes de la Grecia Antigua remontaban su linaje a uno u otro de estos hijos, notablemente los reyes de Esparta y Macedonia.
En el transcurso de su vida Heracles se casó tres veces. Su primer matrimonio fue con Mégara, cuyos hijos mató en un ataque de locura provocado por Hera y a quien más tarde dio en matrimonio a su compañero Yolao, porque su mera visión le era demasiado dolorosa. Su segunda esposa fue Ónfale, la reina o princesa lidia a quien fue vendido como esclavo.
Su tercer matrimonio fue con Deyanira, madre de Macaria y de Illo por quien tuvo que luchar con el dios río Aqueloo. (Tras matarle, Heracles tomó uno de sus cuernos y lo dio a algunas ninfas, quienes lo transformaron en la cornucopia.) Poco después de su boda, Heracles y Deyanira tuvieron que cruzar un río, y un centauro llamado Neso se ofreció a ayudar a cruzar a Deyanira, pero entonces intentó violarla. Enfurecido, Heracles disparó una flecha envenenada  al centauro desde la otra orilla. Agonizando, Neso le dijo a Deyanira que recogiese su sangre si quería asegurarse el amor de Heracles. Más tarde, cuando Deyanira sospechó que Heracles prefería la compañía de Yole, untó unas ropas con la sangre de Neso. Licas, el sirviente de Heracles, le llevó dichas ropas, y éste se las puso. En cuanto se templaron sobre su cuerpo, el veneno que contenía la sangre penetró en su cuerpo, provocándole un dolor insoportable. Heracles tomó a Licas por los pies y lo arrojó al mar, intentando luego quitárselas, pero se había pegado a su carne. Deyanira, al ver lo que había hecho, se ahorcó. Heracles murió voluntariamente, pidiendo que se le construyera una pira para acabar con su agonía. Tras su muerte en esta pira los dioses le hicieron inmortal, o alternativamente el fuego quemó la parte mortal del semidiós, quedando sólo la parte divina, se reconcilió con Hera y se casó con Hebe, una hija de ésta.

Nadie sino el amigo de Heracles Filoctetes podía prender su pila funeraria, y por esta acción recibió su arco y sus flechas, que más tarde necesitaron los griegos para derrotar a Troya en la Guerra de Troya.
Amantes masculinos de Heracles
En su Eróticos, Plutarco afirma que los amantes masculinos de Heracles fueron tan numerosos que no era posible contarlos. Algunos de ellos fueron:
  • Abdero (Encargado de las yeguas carnívoras del tracio Diomedes, que terminarían matándole. Heracles fundó la ciudad de Abdera en su honor, donde era homenajeado con juegos.)
  • Admeto (Participó en la caza del jabalí de Calidón y también fue amante de Apolo, según Plutarco y Calímaco.)
  • Adonis
  • Corito
  • Elacatas (Erómeno espartano, honrado allí con un santuario y juegos anuales, según Sosibio.)
  • Eufemo
  • Filoctetes (Según Marcial, también fue el heredero del arco del héroe y quien encendió su pira. Más tarde fue el maestro de Neoptólemo, hijo de Aquiles.)
  • Frixo
  • Hilas
  • Ífito
  • Jasón (mención tardía, podría ser una licencia literaria)
  • Néstor (a quien amó por su sabiduría)
  • Nireo
  • Yolao (Tebano, sobrino de Heracles, a quien ayudó en diversas ocasiones. Plutarco cuenta que en su época las parejas masculinas bajaban a su tumba en Tebas para prestar juramento de fidelidad a él y entre ellos.
 











Hades el dios de la muerte


En la mitología griega Hades  alude tanto al antiguo inframundo griego como al dios de la muerte
Hades.
Había varias secciones en el Hades, incluyendo los Campos Elíseos  y el Tártaro.
Los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían bajo la lengua del difunto sus piadosos familiares. Los indigentes y los que no tenían amigos ni familias se reunían para siempre en la orilla cercana. El otro lado del río era vigilado por Cerbero, el perro de tres cabezas derrotado por Heracles. Más allá de Cerbero, las sombras de los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.
Los cinco ríos del Hades eran Aqueronte (el río de la pena), Cocito (lamentos), Flegetonte (fuego), Lete (olvido) y Estigia (odio). El Erídano era también considerado un río del Hades por Virgilio.
Hades, señor del inframundo
En la mitología griega, Hades (el ‘invisible’), el dios del inframundo, era un hijo de los Titanes Cronos y Rea. Tenía tres hermanas mayores, Hestia, Deméter y Hera, así como dos hermanos menores, Poseidón y Zeus. Juntos constituían la mitad de los dioses olímpicos.

Tras hacerse adulto, Zeus logró obligar a su padre a que regurgitase a sus hermanos. Tras ser liberados, los seis jóvenes dioses, junto con los aliados que fueron capaces de lograr, desafiaron el poder de sus padres y tíos en la Titanomaquia, una guerra divina. Zeus, Poseidón y Hades recibieron armas de los tres Cíclopes como ayuda para la guerra: Zeus una lanza de truenos, Poseidón un tridente y Hades un casco que proporcionaba invisibilidad al que lo llevase. En la noche anterior a la primera batalla Hades se puso su casco y, siendo invisible, se infiltró en el campamento de los Titanes y destruyó sus armas. La guerra duró diez años y terminó con la victoria de los jóvenes. Tras esta victoria Hades y sus dos hermanos menores, Poseidón y Zeus, echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo, el reino invisible al que los muertos van tras dejar el mundo, así como todas las cosas bajo tierra.

Hades reinaba sobre los muertos, con la ayuda de demonios sobre los que tenía completa autoridad. Prohibió estrictamente a sus súbditos abandonar sus dominios y se enfurecía bastante cuando alguien intentaba abandonarlos o si alguien intentaba robarle alguna de sus presas.
Aparte de Heracles, las únicas personas vivas que se aventuraron en el Inframundo fueron todas héroes: Odiseo, Eneas (acompañado por la Sibila), Orfeo, Teseo y Psique. Ninguno de ellos estuvo especialmente satisfecho con lo que presenciaron en el reino de los muertos. En particular, el héroe griego Aquiles, a quien Odiseo se encontró en el Hades, dijo:
No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir como mercenario a otro antes que ser el señor de los muertos que han perecido.
Alma de Aquiles a Odiseo.
Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la muerte: «¿Por qué odiamos a Hades más que a cualquier dios, si no es por ser tan adamantino e inflexible?», se preguntaba retóricamente Agamenón. No era, sin embargo, un dios malvado, pues aunque era severo, cruel y despiadado, era no obstante justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, pero no era la Muerte: la personificación real de ésta era Tánatos.
Cuando los griegos apaciguaban a Hades, golpeaban sus manos con fuerza contra el suelo para asegurarse de que pudiera oírles. Animales negros, como ovejas, le eran sacrificados, y se cree que en algún momento incluso se le ofrecieron sacrificios humanos. La sangre de los sacrificios a Hades goteaba a un pozo para que pudiera llegar a él. La persona que ofrecía el sacrificio tenía que apartar su cara. Cada cien años se celebraban festivales en su honor, llamados los Juegos Seculares.
El arma de Hades era un cetro de dos puntas, que usaba para destrozar todo lo que se cruzase por su camino o no fuera de su agrado, igual que Poseidón hacía con su tridente. Esta enseña de su poder era un bastón con el que conducía las almas de los muertos hasta el mundo inferior.
Sus pertenencias identificativas incluían un famoso casco, que le dieron los Cíclopes y que hacía invisible a cualquiera que lo llevase. Se sabía que a veces Hades prestaba su casco de la invisibilidad tanto a dioses como a hombres (como a Perseo). Su carro oscuro, tirado por cuatro caballos negros como el carbón, siempre resultaba impresionante y pavoroso. Sus otros atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés, la Llave del Hades y Cerbero, el perro de múltiples cabezas. Se sentaba en un trono de ébano. La consorte de Hades, y reina arcaica del Inframundo por derecho propio, antes de que los olímpicos helénicos se estableciesen, era Perséfone, presentada por los griegos como hija de Zeus y Deméter. Perséfone no se 

sometió a Hades voluntariamente, sino que fue raptada por éste mientras recolectaba flores con sus amigas. Hades amaba a Perséfone tan profundamente que no le permitió salir del inframundo. Su madre la echaba tanto de menos que lanzó una maldición a la tierra, produciendo una gran hambruna. Hades engañó a Perséfone para que comiese seis (o cuatro, según las versiones) semillas de granada, lo que hizo que no pudiese abandonar el inframundo ni con la ayuda de Zeus. Perséfone supo de la depresión de su madre y pidió a Hades que le dejase volver a la tierra de los vivos, con la condición de que pasaría con él un mes por cada semilla que había comido. Cada año Hades volvía con Perséfone en su carro al inframundo. La hambruna (el invierno) ocurría en los meses en los que Perséfone estaba con Hades, al retirar Deméter sus dones del mundo. En la primavera, cuando Perséfone se volvía a reunir con ella, Deméter hacía que la cosas crecieran de nuevo.
Orfeo y Eurídice
Hades sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente hermosa, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero, cediendo a la tentación de mirar atrás, fracasó y volvió a perder a Eurídice, con quien sólo se reuniría tras su muerte.
Mente y Leuce
Como su hermano Zeus y otros dioses antiguos, Hades no era el más fiel de los maridos. Según Ovidio, persiguió y amó intensamente a la hermosísima ninfa infernal Mente, asociada con el río Cocito. Una vez, su esposa Perséfone los encontró juntos y, presa de un ataque de celos, lanzó furiosa a la ninfa al suelo y la pisoteó. Hades transformó sus restos en la planta de la menta para que Perséfone no pudiera tomar más represalias contra ella.
De forma similar, la ninfa Leuce, a quien también había violado, fue metamorfoseada tras su muerte natural por Hades en un álamo blanco. Otra versión cuenta que fue transformada por Perséfone mientras estaba junto a la fuente de la Memoria.
Teseo y Pirítoo
Hades encarceló a Teseo y Pirítoo, quienes habían prometido desposar a hijas de Zeus. Teseo eligió a Helena, la secuestró con la ayuda de Pirítoo y decidió retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Pirítoo eligió a Perséfone. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra, y viajaron al inframundo. Hades fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles.
Heracles
El último de los doce trabajos de Heracles fue capturar a Cerbero. Primero viajó a Eleusis para ser iniciado en los misterios eleusinos. Hizo esto para absolverse a sí mismo de la culpa por haber matado a sus propios hijos y para aprender cómo entrar y salir vivo del inframundo. Encontró la entrada al inframundo en Tanaerum. Atenea y Hermes le ayudaron en la ida y vuelta del Hades. Heracles pidió permiso a Hades para llevarse a Cerbero. Hades accedió siempre que Heracles no le hiciese daño, aunque en algunas versiones, Heracles disparó una flecha a Hades. Cuando Heracles arrastró al perro fuera del Hades, pasaron por la cueva Aquerusia.